Los medios se hacen eco estos días de la ocurrencia de David Walker, un médico de cabecera que ejerce en una zona rural de Escocia que propone gravar el chocolate con impuestos similares a los que se aplican al alcohol y el tabaco con el fin de combatir la obesidad. La medida, que por el momento tiene pocos visos de salir adelante, supondría un duro golpe para la industria chocolatera, a la que se responsabiliza del aumento de la obesidad entre la población de países como Reino Unido.
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Galleros Artesanos es una empresa familiar que lleva más de 40 años dedicada a la fabricación de chocolate; las instalaciones de la compañía, en Rute (Córdoba), acogen este año un belén navideño de 52 metros cuadrados de superficie y con el chocolate como materia prima. Los 4 meses de trabajo invertidos por Galleros Artesanos, a los que hay que sumar más de 1400 kg de chocolate, ofrecen un resultado digno de admiración, aunque no son los únicos motivos para pensar que la empresa podría contar pronto con su propio museo del chocolate.
Las instalaciones de la compañía muestran también dos estatuas de chocolate a tamaño natural de la Princesa Letizia y de Rocío Jurado; si la colección se incrementa en una figura cada año, pronto estaremos ante una de las muestras más singulares de cuantas podemos contemplar los amantes del chocolate a lo largo y ancho de España.
Más información sobre la actividad de la empresa y su curiosa colección en su página web.
Es complicado precisar la fecha exacta en la que abrió sus puertas al público el Museo del Chocolate de Astorga; lo que sabemos con certeza es que José Luis López, su fundador, reunió a lo largo de varios años una colección de objetos relacionados con la industria y el comercio del chocolate realmente extraordinaria.
La fama de este museo personal corrió de boca en boca, hasta que en 1994 tomó la decisión de alquilar un local y mostrar al público una pequeña parte de las más de 3.000 piezas que había reunido fruto de una pasión incansable. José Luis López, alma del Museo del Chocolate, fue durante estas semanas el guía de un puñado de visitantes que llegaban al local curiosos y salían de él incrédulos. La fama del Museo no tardó en llegar a los medios, y en diciembre de 1994 La Crónica de León publicaba un pequeño cuaderno dando a conocer la colección a los leoneses.
El Museo del Chocolate de Astorga se convertía, sin hacer demasiado ruido, en el segundo de Europa de su clase, y su importancia en la ciudad crecería progresivamente hasta convertirse en el más visitado de cuantos pueden visitarse entre sus murallas.